Año nuevo, un “yo” mejor

Se acaba el año. Es la época en que la mayoría nos marcamos nuevos retos, objetivos a cumplir durante el año que entra y que suelen quedar en dique seco pasados unos meses o, a veces, unos días. Dejar de fumar, perder peso, apuntarse al gimnasio, estudiar un idioma, salir a caminar… son algunos de los objetivos típicos que todo el mundo se propone y muchas veces lo hacemos justamente por eso: porque son típicos, porque lo hace todo el mundo. Siendo así, no es de extrañar que casi todos fracasemos y no logremos conseguirlos.

Año nuevo ¿vida nueva?

Es la frase más recurrente en estos últimos días del año y, aunque siempre se dice con la intención de comunicar que queremos un cambio, puede estar escondiendo algo negativo. En sentido literal, una vida nueva es un nacimiento, un comenzar desde cero. Significa romper con el pasado, dejar todo lo anterior atrás y emprender algo totalmente nuevo sin raíces en lo vivido, en la historia de cada persona, en uno mismo. Empezar a ver, oír, hacer y sentir image9sin haber visto, oído, hecho o sentido. Quizá esa sea la razón por la que muchos de nosotros fracasamos en la búsqueda de esa vida tan nueva y nos encontremos una vez más al final del año tratando, sin lograrlo, de volver a nacer. Quizá el secreto sea no tratar de partir de cero, tener en cuenta todo lo visto, oído, hecho y sentido, lo bueno y lo malo, los aciertos y los errores, los defectos y las virtudes… y, a partir de ello, construir algo mejor. Es por eso que yo prefiero otra expresión.

Año nuevo, un “yo” mejor 

Fracasamos en la búsqueda de una vida nueva porque muchas veces nos marcamos objetivos que están fuera de nuestro alcance. Esto muchas veces no sucede porque las cosas que nos proponemos sean muy difíciles ni porque nosotros seamos incapaces de realizarlas. La mayoría de veces el error está en un enfoque equivocado: al buscar una vida nueva podemos caer en el error de olvidar lo que somos, de las cosas que nos gustan, por qué las hacemos, por qué las sentimos y acabamos queriendo hacer cosas que no van con nosotros porque pensamos que deberían gustarle a nuestro nuevo “yo”, cuando somos nosotros, YO, quien tiene que desearlas, hacerlas y sentirlas.

El nuevo año no tiene un poder mágico que te hará renacer de tus cenizas como el ave Fénix. El planeta Tierra habrá completado una vuelta más alrededor del Sol pero aquí, en la Tierra, veremos cómo el Sol se pone la tarde del día 31 y vuelve a asomar pasada la madrugada. Habremos cambiado de año, un nuevo día se levantará el 1 de enero y tú, amigo mío, tú seguirás siendo el mismo… tal vez con algo de resaca. El nuevo año no te dará la fuerza, las ganas, la pasión ni la razón para cambiar, ni mucho menos para romper con el pasado y cuanto antes de des cuenta de eso, más capaz serás de alcanzar una versión mejor de ti mismo.

Busca adentro

El año nuevo no es el que nos dará la capacidad de alcanzar nuestros objetivos pero lo utilizamos como excusa, como la marca del inicio de algo. En ese sentido es algo bueno, pero no nos podemos quedar ahí. Si la única razón de querer hacer algo con nuestra vida es que empieza un nuevo año, o que pensamos que deberíamos hacerlo, mal vamos. Es muy importante pararse a pensar, conocerse a uno mismo y preguntarse qué es lo que voy a emprender y por qué lo voy a hacer y cómo me siento hacia ello, alineando los planos cognitivo, emocional y conductual. En cristiano: sentir lo que uno piensa y hace, hacer lo que uno piensa y siente.  

Podemos afrontar el objetivo de apuntarse al gimnasio o practicar algún deporte desde una perspectiva extrínseca  de meta (porque quiero tener “six pack” el próximo verano y ser el más ligón de la playa). Si este nuevo estilo de vida no va con nosotros, no nos hace por sí mismo sentirnos bien, nos lanzaremos a la actividad como pollos sin cabeza pensando en alcanzar nuestro objetivo final. Cuando llegue marzo y nos demos cuenta de que el “six pack” quizá no llegue a tiempo para el verano y que, además de hacer ejercicio también será necesaria una dieta y disciplina, nos desmoralizaremos. Empezaremos a perder motivación y sentiremos que el tiempo, dinero y esfuerzo que hemos invertido (sin contar los días inmovilizados por las agujetas) no están dando los frutos que esperábamos y nuestro objetivo se tambaleará… y no aguantará mucho en pie porque no tiene buenos cimientos.

La otra forma de abordar el mismo objetivo es desde una perspectiva más intrínseca y de proceso (porque me gusta practicar, estar en forma y sentir que me esfuerzo día a día para mejorar mi salud y mi estado físico). Son razones de peso para continuar esforzándose en alcanzar las metas. Cuando llegue marzo y los abdominales sigan brillando por su ausencia nos fijaremos más en los avances conseguidos hasta el momento (mejoras progresivas en el rendimiento, estado físico y salud) aunque aún estemos lejos de un cuerpo perfecto. Disfrutaremos de la práctica del deporte, de las sensaciones que nos genera y de todo aquello positivo que nos pueda ofrecer, incluso el sufrimiento por el esfuerzo será reconocido como positivo. Persistiremos más tiempo, nos sobrepondremos a las adversidades y, aunque no sea nuestra razón primordial para practicarlo, tal vez algún día llegue el famoso “six pack”, aunque quizá no nos importe demasiado.

He usado el ejemplo del deporte porque es el que tenía más a mano y del que todos conocemos a alguien que se lo ha propuesto y ha fracasado o incluso puede que lo hayamos vivido en nuestras carnes. Pero cualquier otro objetivo, cualquier otra meta de mejora, ya sea personal, íntima, social o laboral, puede ser vista de esta forma: aprender un idioma, ser más productivo, ser más amable, mejor padre/madre, hermano/a, amigo/a, mejor persona… Alcanzar una versión mejor de uno mismo en cualquiera de nuestras facetas es siempre bueno pero 1205011350_ftiene un coste en esfuerzo, tiempo y, a veces, dinero, más cuanto más radical sea el cambio, y las fuerzas que nos han de mover y dirigir en el rumbo correcto han de surgir del interior de nosotros mismos, han de ser generadas por uno mismo para que no se desvanezcan entre la niebla de la adversidad.

Así que si quieres alcanzar tus objetivos para el año que viene, asegúrate de que todo tú estarás inmerso en su consecución; de que realmente lo sientes y quieres hacerlo. Después lánzate a por ello. Sólo así disfrutarás haciéndolo y consiguiéndolo aunque en ocasiones te suponga sacrificios y cierto sufrimiento. Haz lo que piensas y sientes.

No me gusta el concepto de vida nueva. Prefiero una vida mejor, un “yo” mejor que surja del autoconocimiento y el afán de desarrollo, del sentimiento de mejora y de la autoestima profunda y sincera, un “yo” que no rompa con el pasado y el presente, sino que hunda en él sus raíces y de lo viejo florezca, crezca y se expanda hacia un futuro más pleno.

TE DESEO UN FELIZ 2015,

 UNA VIDA MEJOR,

UN “TÚ” MEJOR

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