Enhorabuena por tu fracaso

Garry_Kasparov,_New_York_City,_2003

“Olvidémonos de evitar cometer errores. Los únicos que no cometen errores son los muertos. Cometer errores es normal en el proceso de toma de decisiones y quisiera cambiar esa “cultura de aversión al riesgo” por la que en los negocios y en la vida queremos limitar nuestra capacidad de cometer errores; como si cometer errores fuera un crimen. ¡No! Es una parte normal del proceso de pensamiento. Lo que hay que hacer es “matar” el miedo a cometerlos, porque es ese miedo el que reduce nuestra capacidad de tomar decisiones correctas.

Creo que el jugador dominante en una partida larga de ajedrez es aquel que pueda ser más resolutivo en su toma de decisiones, aquel más seguro de sí mismo. Debes ser consciente de que en algún momento vas a fallar. Darte cuenta de que algunos errores son inevitables te ayudará a impulsar tu desempeño.”

Durante un encuentro con seguidores, Garry Kasparov,  uno de los mejores jugadores de ajedrez de la historia, respondió de esta forma a alguien que le preguntó cómo podía evitar cometer errores y mantener su actuación al máximo nivel en una partida de larga duración.

La respuesta tiene mucha miga y contiene varias píldoras dignas de análisis:

  1. Tarde o temprano todos cometemos un error. No importa lo buenos buenos que seamos. Siempre hay una probabilidad de que cometamos un error y, por norma estadística, ese momento ha de llegar algún día, más aún si estamos aprendiendo algo nuevo. 
  2. Cometer errores es parte natural del proceso de pensamiento y toma de decisiones. Pocas situaciones hay en la vida en la que podamos estar seguros al 100% del resultado de una acción con un mínimo de complejidad. Es decir, siempre hay una probabilidad de cometer un error. Es más, las equivocaciones son parte fundamental del aprendizaje.

    Incluso las máquinas, que funcionan con logaritmos matemáticos y utilizan solamente tipos muy específicos de inputs para acciones muy específicas y delimitadas, tienen cierto margen de error. Es lógico pensar que en una máquina con un abanico tan enorme de posibles respuestas y sensible a gran cantidad y variedad de tipos diferentes de información interna y externa, consciente e inconsciente, como nuestro cerebro y sistema nervioso en general, el margen de error sea considerable, sobretodo cuando somos novatos en algo.
  3. Tenemos un miedo culturalmente aprendido a equivocarnos. Vivimos en un mundo tremendamente competitivo y orientado a los resultados que a menudo estigmatiza y castiga las equivocaciones. Queremos buenos resultados y los queremos ya, de modo que cualquier contratiempo que vaya en contra de esa meta es valorado como algo tremendamente negativo, impropio y hasta vergonzoso. Ese miedo a fallar da lugar a lo que Kasparov llama “cultura de aversión al riesgo”, cuya consecuencia más clara es una resistencia a salir de nuestra zona de confort, lo que implica menor riesgo y una sensación de mayor seguridad… pero también estancamiento y menor desarrollo personal y/o profesional.
  4. El miedo a los errores limita nuestra capacidad de acertar. Parece paradójico pero si continuamente nos centramos en evitar el fallo, el riesgo al tomar cierta decisión, huyendo de sus posibles consecuencias negativas, esto nos lleva a un bloqueo que limita nuestra capacidad de actuar y desarrollarnos. Además, estamos utilizando negativamente una energía que sería mucho más valiosa si se emplease en esforzarnos para dar lo mejor de nosotros mismos en la consecución de los retos.

    Como dice Kasparov, la autoconfianza es un factor clave en el dominio de las situaciones, no podemos actuar guiados por el miedo a fallar, sino por el afán y la confianza en que la decisión que tomemos será acertada. Esta confianza no nos garantiza el éxito, pero tampoco el miedo lo hace. Sin embargo, la energía y determinación que imprimamos a nuestros actos será muy distinta en ambos casos, y también su influencia en el resultado.

Utilizar el error

Todo lo anterior no ha de ser entendido como una invitación a actuar impulsivamente sin tener en cuenta los fallos. Los tropiezos, los intentos fallidos, las malas decisiones tienen una gran importancia y no han de ser olvidados. Todos preferimos, naturalmente, acertar antes que errar y, cuando nos equivocamos es normal que aparezcan en nosotros sentimientos de frustración por no haber conseguido nuestro objetivo. Esto ayuda a que se graben en nuestra memoria para que los tengamos presentes en situaciones futuras, lo que evolutivamente nos ha ayudado a sobrevivir.

De modo que la respuesta a si debemos olvidarnos de nuestros errores o fracasos es un rotundo NO, pero hemos de usarlos de manera que nos ayuden a seguir adelante y mejorar, no a estancarnos y detener nuestro desarrollo personal o profesional.

  1. Utilización negativa:
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    – Esconderlos y avergonzarse: hacer lo posible por enterrar el fracaso y olvidarlo lo antes posible sin que se haga público, puesto que nos devalúa frente a los demás. El problema es que por mucho que lo escondamos, lo que nos hizo fracasar seguirá ahí y seguramente la vida o el trabajo nos lo vuelvan a poner delante y, entonces, estaremos en el mismo punto que la primera vez que lo intentamos: sin recursos para superarlo.
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    – Centrarse lo que no somos capaces de hacer y recordarlo como señal de incompetencia: al intentar algo y fracasar, focalizar la atención sobre lo que no se ha conseguido, obviando el valor del esfuerzo y el aprendizaje obtenido, lo que resalta los sentimientos negativos de frustración e incompetencia y minimiza las posibilidades de acercarse al éxito.
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    – Miedo de volver a intentarlo: temor a volver a fracasar, renunciar a esforzarse por conseguir el objetivo… rendirse.
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    – Marcar los límites que no podemos sobrepasar: ese miedo a salir de nuestra zona de confort nos empujará a quedarnos dentro de nuestros dominios, donde tenemos una ilusoria sensación de control que nos da seguridad, interrumpiendo nuestro desarrollo.
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  2. Utilización positiva:
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    – Analizarlos y comprenderlos: los errores nos dan información muy valiosa. ¿Por qué he fallado? Nos paramos a pensar para analizar y comprender qué ha fallado en nuestra actuación, qué aspectos no tuvimos en cuenta, qué nos ha faltado o sobrado. Para ello podemos contar con la ayuda de otras personas que nos den su perspectiva, sobretodo si son más expertos que nosotros. Intentar comprender nuestro error no nos devalúa frente a los demás, sino que demuestra nuestra capacidad de auto-análisis y afán de mejora.
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    – Tener presente lo que hemos aprendido, tanto lo bueno como los puntos susceptibles de mejora: del análisis de nuestra actuación extraeremos tanto lo que no ha ido bien como lo que sí. Es importante tener en cuenta aquello que no hemos hecho bien para cambiarlo o eliminarlo, pero también los aspectos que sí han sido correctos, para mantenerlos o potenciarlos. Es bueno experimentar parte del éxito en cada pequeña mejora. Esto nos da una visión más completa de la situación y permite saber qué cosas concretas debemos hacer para mejorar… saber que sí podemos mejorar.n1347902948_30200415_6755
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    – Motivación para la mejora: con una mejor comprensión de lo que ha fallado y lo que no, tenemos información suficiente para, sino no conseguir el objetivo, acercarnos a él. Podemos volver a fallar, pero estaremos más cerca del éxito, no hay razón para temer, sino para volver a intentarlo con mejores recursos.
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    – Aprendizaje para la superación de nuestros límites: a lo largo de la vida superamos nuestros límites una y otra vez. El aprendizaje ensayo-error es una de las bases de nuestro desarrollo en cualquier ámbito. Los errores son escalones sobre los que nos apoyamos para subir un poco más hasta niveles más y más altos, nos ayudan a encontrar versiones cada vez mejores de nosotros mismos y conquistar objetivos que parecían fuera de nuestro alcance.

Si todos eligiésemos la primera opción desde nuestro nacimiento, dejaríamos de intentar aprender a andar a la primera caída y el mundo estaría lleno de gente moviéndose a gatas.

Tenemos que apartar de nuestra mente la creencia en que el error es algo intolerable de lo que avergonzarse. El error es uno de los materiales imprescindibles para construir el aprendizaje y el desarrollo personal y profesional.

Fallar es un privilegio que está reservado a las personas que lo intentan, que se arriesgan a abandonar la seguridad de sus dominios para aventurarse a ir un poco más allá.

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