Personalidad Flexible

Hace no mucho tiempo mantuve una conversación algo airada con una persona muy querida para mí. Me decía lo molesto que le resulta tener que adecuar su vestimenta a su puesto de trabajo. Me comentaba que no entendía por qué cierta manera de vestir o el hecho de llevar piercings o tatuajes se convertía a veces en una razón para pensar que alguien no es adecuado para optar cierto puesto de trabajo; que la profesionalidad de una persona no tiene nada que ver con su vestimenta o su aspecto físico y que le parecía injusto que para demostrarla se exija a las personas cambiar esos pequeños aspectos, ser infieles a su personalidad.

Aquella conversación me recordó a otra que tuve con mi peluquero (qué variopintos son los temas de conversación cuando te cortas el pelo). Esta vez estábamos hablando sobre la crisis y la falta de trabajo sobretodo para los jóvenes. Me cotumblr_lgku44mmR11qejp6uo1_500_optntaba cómo en conversaciones “peluquero-cliente” con algunos de estos últimos, se había dado cuenta de que muchos jóvenes “no trabajan porque no pueden y otros porque no quieren”, que “alucinaba” cuando escuchaba frases del estilo:

He ido a una entrevista de trabajo y querían que me quitara el pendiente para trabajar. Que lleve pendiente no significa que sea mejor o peor. Así es como soy y no tengo por qué cambiar.

Dejando a un lado ciertos casos en los que realmente se exige una vestimenta degradante para la persona, es curioso cómo a veces algo tan simple como la forma de vestir puede provocar un malestar e incluso llegar a crear un conflicto intra- e interpersonal que dificulte encontrar, desempeñar, o ser feliz en un trabajo.

Sociedad Individualista

Detrás de todos estos conflictos se encuentra muchas veces nuestra necesidad de autoafirmación y autodeterminación. Queremos preservar nuestra individualidad, demostrar que somos quien somos hasta las últimas consecuencias. Esa necesidad a veces es tan fuerte que, si percibimos que alguien o algo nos exige cambiar algún aspecto que para nosotros es importante sentimos que esa individualidad está amenazada, lo que nos genera una reactancia o rechazo ante ese alguien o algo y un mayor deseo de no cambiar.

Esto de autoafirmarse está muy bien. Nuestra personalidad se va forjando desde que nacemos como resultado de una combinación entre nuestras condiciones biológicas (temperamento), forma de pensar y actuar (carácter) y la capacidad de desarrollo y adaptación (que podríamos llamar inteligencia). Es nuestra forma de ser y debe guardar consistencia y congruencia con nuestra historia personal. Sería un despropósito cambiar de personalidad cada vez que cualquier cosa influya sobre nosotros. Ahora bien, como casi todo en esta vida, llevar esa autoafirmación hasta el extremo de ser totalmente inflexibles suele traer problemas.

Con la modernización de las sociedades, sobretodo con la aparición del capitalismo y el consumismo, ha ido aumentando la importancia de lo individual. Está tan presente en nuestra cultura que parece que siempre haya sido así, cuando en realidad es algo relativamente nuevo.

Hace solo unos siglos el sujeto no era lo más relevante, sino que lo realmente importante era el beneficio de la sociedad en la que se encontraba, la supervivencia y el avance del clan. Es lógico si pensamos que evolutivamente el ser humano ha sido siempre un animal eminentemente social cuyo avance y supervivencia dependían esencialmente de su capacidad para trabajar conjuntamente. Esa, junto a la inteligencia, ha sido nuestra gran fortaleza evolutiva.

No estamos solos en una montaña

Lo individual ha llegado a ganar tanto peso que a veces olvidamos que seguimos siendo seres básicamente sociales, que vivimos en sociedad, que somos sociedad. Incluso esa falsa sensación de individualidad la hemos aprendido porque es un valor que se ha asentado en la sociedad que nos rodea. No está en nuestros genes, es cultura. La sociedad es nuestro medio ambiente y dependemos de ella para lograr nuestros objetivos y desarrollarnos, igual que un árbol depende del suelo al que se agarran sus raíces. Somos parte de ella y está tan profundamente dentro de nosotros que se hace difícil darse cuenta de cómo nos afectan los sistemas de valores y creencias de los que nos impregna. Pero lo hace.

Flexibilidad

El tema es muy amplio, pero quiero ceñirme a las dos conversaciones a las que hacía referencia al principio.

  1. ¿Es el hecho de llevar un piercing o vestir de cierta forma razón suficiente para pensar que alguien es menos profesional?
  2. Nuestra forma de vestir, de hablar, de actuar, de pensar, son como son y no tenemos por qué cambiarlas.

La respuesta a la primera cuestión es, en mi opinión, NO. Puedes ser un crack en tu trabajo independientemente de tu vestimenta. El problema está en que cuando te presentas ante alguien para que te dé trabajo, normalmente no te conoce. La única información que tiene de ti es tu currículum vitae y lo que tiene delante, es decir, tú, con tu forma de vestir, hablar y actuar. De esa información tiene que deducir si podrás realizar bien el trabajo y si encajarás bien en la organización y todas esas decisiones las tiene que tomar en poco tiempo. Muchas veces inconscientemente guiado por estereotipos culturales o propios, se deja llevar por las sensaciones que le transmitas.

Tu profesionalidad la demostrarás cuando ya estés trabajando, pero para eso primero tienes conseguir el trabajo. Si te presentas vestido de forma inadecuada (dependiendo del puesto) y hablas o actúas de cualquier manera, seguramente estarás transmitiendo falta de interés o incapacidad para adaptarte al puesto.

Imagina que estás en RONALD-MCDONALDel quirófano esperando a que entre tu cirujano para operarte de, por ejemplo, una hernia (espero que no se dé el caso). De repente entra por la puerta disfrazado de Ronald Mc Donald y te dice que él será quien te opere, a la vez que te tranquiliza diciéndote que tiene mucha experiencia y que ha realizado cientos de operaciones como la tuya siempre con éxito. ¿Te sentirías tranquilo? Sinceramente, yo no mucho. No podría decir que este simpático tipo no fuera el mejor cirujano del mundo y que no fuera a hacer un excelente trabajo conmigo pero me costaría mucho confiar en alguien que se presenta de esa guisa a algo tan importante. Prefiero al tío serio del pijama verde. Quizá el ejemplo sea extremo y algo estúpido, pero cuando estás buscando trabajo, tú eres el cirujano.

Mi respuesta a la segunda cuestión es: ¿estás seguro? Párate a pensar. ¿Eres exactamente igual en cada situación, con cada persona, en cualquier momento de tu vida? Seguramente la respuesta sea no. Supongo que no te comportas igual con tu pareja que con tus padres y que no haces las mismas cosas en el cine que en una discoteca. Nuestra vida transcurre a través de una gran variedad de situaciones sociales distintas y nos solemos adaptar a las exigencias de la situación, que suelen venir dadas por las normas sociales explícitas o implícitas, mostrando distintas facetas de nuestra personalidad. Cuando nos vemos en situaciones que exigen estos cambios podemos tener la sensación de que cambiar algo importante significaría ser infieles a nosotros mismos y eso puede producir malestar. No eres infiel a tu personalidad, te adaptas a la situación.

A nadie se le ocurriría ir vestido de payaso o ponerse a bailar sobre una mesa en medio de un entierro (o eso espero). Esto no significa que tengas varias personalidades distintas o que te transformes completamente, sino que tu personalidad tiene la flexibilidad suficiente cambiar de faceta en la adaptación a las exigencias del entorno, cambiando pequeños aspectos.

En el trabajo, esto se puede ver acentuado por la sensación de que se nos exige adaptarnos a las normas impuestas por alguien, someternos o arrodillarnos ante esa persona. El trabajo es una situación social más, con unas normas sociales a las que adaptarse (siempre dentro de unos límites razonables), que exige la faceta adecuada de tu personalidad, con esos pequeños cambios adaptados a ese contexto en concreto. Hay puestos de trabajo en los que no es necesario vestir de ninguna forma en especial pero si tu trabajo o aquel al que pretendes optar se realiza en un contexto formal es normal que se te pida que vistas de manera formal o que muestres ciertas maneras de hablar y comportarte y evites otras. No quieren que dejes de ser tú, simplemente que te adecues a un entorno en el que esos aspectos sí son importantes. Esto, al fin y al cabo, sí que habla de tu profesionalidad.

Entiendo que alguien no esté dispuesto a trabajar en un sitio en el que se le obligue a engañar a la gente; o a ser soportar un trato degradante para su persona o para otros, por poner algún ejemplo. Cada cual tendrá unos valores que no esté dispuesto a transgredir y la variedad de situaciones puede ser muy amplia.

La capacidad de adaptación es uno de los pilares de una Personalidad Flexible.

La moralina de este “cuento” es que cada uno debe saber dónde están sus límites para saber qué cosas en su personalidad son tan importantes y básicas que no estaría dispuesto o que no puede cambiar; y qué otras sí se pueden amoldar a la situación. De igual manera que no podemos andar cambiando a cada momento los pilares de nuestra forma de ser, tampoco nos conviene mantener rígidamente cada pequeño aspecto sin tener en cuenta las demandas de la situación.

¿Es tan importante para ti tu forma de vestir o tu piercing, como para no poder cambiarlo durante unas horas al día?

La misma persona, el mismo profesional. Dos facetas distintas igual de válidas, cada una en su situación.

La misma persona, el mismo profesional. Distintas situaciones. Distintas facetas.

 

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